OBJETIVOS DEL BLOG

Mi objetivo en este blog, es exponer las ideas que me parecen mas interesantes, tanto mias como de otras personas, con el fin de que alguna mente privilegiada pueda inspirarse de estas "locuras del pensamiento". Algunas, la mayoria, son meras hipotesis, no demostradas, pero si muy meditadas y planteadas, apoyandose en descubrimientos que ya están demostrados. Pienso que pensar, valga la redundancia, es un arte. Y la imaginación otro mayor. Unir estas dos al servicio de la creatividad de otros es lo que pretendo en este espacio. Ademas, expondré obras artisticas en todas las disciplinas, de amigos y propias, ya que el arte en si es una gran reflexión sobre todo lo que la vida nos ofrece.

Un saludo, y disfruten...




martes 2 de junio de 2009

ASESINATO DEL ARTE

Aqui os dejo un extracto de un email que me escribió mi buen amigo Edgar Ordoñez, nuevamente, sobre las tendencias mas "modernas" del arte. Con su permiso os lo muestro, es una crítica que puede parecer dura, pero posee no solo una gran carga didáctica, sino que es un gran reflexión de hacia donde va el arte. Espero que os sirva a todos de reflexión:

"La decadencia de las artes visuales comenzó cuando a un pintor bastante bueno, que tiene obras dignas de llamarse "maestras", Marcel Duchamp, le dio por ser más original que todos y se inventó lo que yo llamo la "pontificación de arte". Arte es lo que el artista declara que es arte. Dejó, con él, de ser la obra que realizaba un artista, para empezar a ser lo que otros habían creado sin fines estéticos, objetos que reunidos, titulados y declarados por el "artista" obra de arte, empezaba a serlo de inmediato. Duchamp declaró en su tiempo un sanitario, una rueda de bicicleta y otros objetos prefabricados, obras de arte. Que casi llevemos un siglo tragándonos ese cuento, me parece el colmo de la falta de ética y de criterio estético y crítico. Desde entonces las facultades de arte vomitan miles de titulados en arte cada año, expertos en no hacer nada propio que tenga algún valor (porque el trabajo de taller y aprendizaje del oficio, que era el eje de la educación artística antes, prácticamente se ha abandonado), pero dotados de un título que los faculta para declarar arte cuanta bobada se les ocurra. La música no dejó de verse seducida por la admirable y facilista idea de la pontificación: qué otra cosa es si no la música concreta, o el hecho de que John Cage (algunas de cuyas obras e ideas realmente admiro, como estos dos ejemplos:

http://www.youtube.com/watch?v=kc3-C7Lnzh0&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=ce4TCth0gGM&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=_c39Ji4bD2I&feature=channel_page
)
se ponga a hacer "música" con elementos que se encuentran en una cocina (http://www.youtube.com/watch?v=SSulycqZH-U o este otro: http://www.youtube.com/watch?v=mGrhL49-YQw&feature=related ), o que decrete como "música" el ruido azaroso que un público reunido hace en un auditorio durante cuatro minutos y 33 segundos, mientras los músicos se niegan a tocar una sola nota(http://www.youtube.com/watch?v=hUJagb7hL0E ). Esta última, quizá la más célebre de sus obras, pasa bien como experimento coductual o como un llamado de atención sobre el valor del "silencio" o la casi imposibilidad de conseguir silencio, o el valor que puede hallarse en el sonido que nos rodea, quizá hasta pueda verse como un llamado de atención de tipo orientalista, como una especie de yoga para tomar conciencia del entorno. Pero definitivamente yo no puedo sentir como música algo donde no exista una elaboración sonora conscientemente desarrollada por un compositor. El problema filosófico es que si cualquier cosa que suene o no suene, puede entenderse como música y como arte, entonces estamos inmersos en un mundo lleno de arte y qué falta entonces hacen los compositores e intérpretes y artistas en general. Eso equivale a la muerte del arte para disfrutar no de las ideas organizadas creativamente, sino del ruido azaroso que la mayor parte de las veces nos agobia, nos estresa, nos cansa y desespera. Era una postura atractiva en tiempos del futurismo, cuando su sumo pontífice Roussolo declaraba su amor por el ruido de las máquinas. Pero el tránsito por esa senda la mayor parte de las veces semeja al ingreso a un infierno más dantesco que el del Dante, porque el de la Divina Comedia lo vemos "desde fuera", apenas imaginándolo, pero el de esta música nos obliga a transitar físicamente dentro de él. Y en ese infierno no hay lugar para el placer; en ese infierno viven atrapados los obreros de las fábricas metalúrgicas, que tienen que usar audífonos para disminuir el daño que el ruido causa a sus oídos y que cada tanto tienen que tratarse clínicamente por problemas de estrés, o lo viven los hogares donde reina la violencia, donde todos se tratan a gritos y con insultos y el ruido amplificado de una radio a todo volumen moliendo reaggeton o champeta es el único recurso para acallar la voz chillona de quienes se maltratan. Como experimentación limitada a un estrecho margen de tiempo, la actitud del arte moderno me parece valiosa. Pero creo que debió haber ocurrido lo mismo que con 4'33" de Cage: solo una vez puede componerse, porque qué gracia salir ahora diciendo: compuse la obra 10'21", que consiste en escuchar el ruido que hace el público en un auditorio mientras un o unos músicos no tocan nada. El experimento de Cage resulta revelador, innovador, liberador en muchos sentidos. Pero seguir "produciendo" según esas leyes resulta siendo todo lo contrario: no es innovador, no revela nada diferente a falta de imaginación, y en lugar de liberar apresa al músico en la imposibilidad de expresarse libremente, entre otras cosas porque lo condena al silencio. Una de las características de este arte, y los mismos artífices que lo produjeron en sus principios se percataron de ello, es su carácter efímero, que tiende a negar el valor de la obra, algo que parece paradójio, pero que podría explicarse bajo postulados filosóficos sumamente respetables y antiguos, como los del budismo zen, por ejemplo. Sólo que en este caso el sinsentido no conduce a la iluminación espiritual, pues se "predica" a un público frío, consumista, completamente alejado y desinteresado de asuntos espirituales. Rescato la bofetada contra el oyente aburquesado que espera una excelsa cuota de emoción a cambio del dinero que ha pagado por asistir a un concierto, y también el gesto iconoclasta que pide el derecho a una expresión propia, liberada de las leyes impuestas por otros, de reglas que el compositor puede sentir como cadenas, de un contexto que impide la renovación de las reglas. Pero en el fondo son movimientos nihilistas que semejan las pataletas de un niño porque le impiden hacer ciertas cosas, y entonces opta por romper lo que encuentra a mano. El problema es que hay que preguntarse si el recurso al rechazo de la inteligencia permite crear algo de valor. Pero claro, estos tipos nos salen al encuentro con el cuento de que ese concepto del "valor" está caduco y es un principio de un "arte hegemónico" que quiere sujetar al artista a unos principios de los que éste quiere liberarse; en suma, que no intentan ni les interesa nada parecido a ese concepto de "valor". El problema estético que surge es profundo: si no hacemos algo de valor, ¿entonces para qué hacerlo? Si ese arte no tiene valor alguno, ¿por qué ponerle atención, por qué buscarlo? Si es un arte efímero que no aspira a perpetuarse, ¿qué excusa el "esfuerzo" (en el caso que haya alguno) de crearlo? Sigo pensando que la postura filosófica es atractiva y respetable, pero no los resultados, o no al menos el gesto epigonal de quienes han seguido imitando las primeras experimentaciones. Finalmente esas obras inaugurales, por el solo hecho de haber ofrecido un nuevo concepto, tenían valor, o al menos ese valor, el de la ruptura, el del intento emancipatorio, y de la búsqueda de nuevas alternativas. Pero las obras que imitan la idea para producir resultados tan parecidos que resultan muchas veces indeferenciables, carecen ya de ese único rasgo de valor, la originalidad, y entonces sí que se convierten en "obras" 100% efímeras, tan efímeras como el excremento que podemos producir sin ninguna intención estética. Cuando el arte se acerca tan próximamente a la idiotez, creo que deja de ser arte. Una performance como quemar o arrojar un piano con una máquina, o destriparlo con la mayor sevicia imaginable, creo que ha traspuesto el umbral que diferencia la libertad de acción (que puede validar un acto artístico) de la estupidez gratuita e inexplicable. El sentido de propiedad privada, tan sagrado en nuestra sociedad, impide que sean catalogadas esas acciones por lo que deberían ser juzgadas, como un crimen social que perjudica a otros no por acción sino por omisión. Esa destrucción es tan criminal como envenenar miles de litros de leche delante de una aldea de gente que está muriendo de hambre."

3 comentarios:

Gorka Murcia dijo...

David / edgar :
Muy buena reflexion. Me recuerda a la época "amasatoria" de dinero de dalí y que conste que me parece uno de los mejores pintores. De la performance al billeteo fácil hay una línea delgada, el problema es que los " pervertidos" de dinero no saben ni sabrán lo que es arte . Sobre gustos no hay nada escrito pero hoy por hoy reinan los "ídolos de palo" un abrazo

animia dijo...

Hola David:

Lo primero gracias por tus palabras tan bonitas en mi blog. Lo segundo ¿los instrumentos? Nadie mejor que un compositor para saborear las emociones o el sentimiento primo, y transformarlo en vientos, percusiones, cuerdas...así que como gustes.

Con respecto al texto de Edgar, tengo algunas cosas que decir:
Cuando ha utilizado la frase: "las ideas organizadas creativamente" para expresar lo que sería y no sería arte, creo que expone que su forma de ver el arte es la única posible. El arte, o es elaborado y organizado y detallado con sumo cuidado, o es tosco. O es una pantomima y una extravagancia snobista.
No estoy de acuerdo. Uno puede tener una idea con la que pretenda abrir los ojos al mundo, o sencillamente, le apetece hacer un experimento para suscitar una respuesta. Y además, cuenta con cualquier elemento o material de su realidad para conseguirlo. Si luego dicha experiencia es aclamada, y la gente empieza a pensar que todo lo nuevo y todo lo llamativo (como tirar un piano por la ventana) es arte...pues no lo es. Pero hay un pensamiento detrás del mismo, que pretende revolucionar los interiores. Precisamente en un mundo de consumo, las personas y la sociedad entienden más en términos más visuales, que en términos de degustación. Por eso el arte abstracto, ha ido avanzando a través de llamadas de atención y S.O.S, para expresar (en otros términos)lo que no deja de ser una idea, cuya coordinación puede ser mucho más compleja de lo que simula en un principio. Pero detrás de esa idea hay un ingenio, que bien pudiera usarse para pintar un cuadro bajo técnicas pictóricas o reglas establecidas, o para componer bajo las normas clásicas.
¿Por qué no lo hace o por qué si lo hace? Son opciones. Ahora el universo es difuso y abierto. Y los valores tradicionales como la música folk, están dejando de escucharse. Entre otras cosas la gente ya no se identifica con mensajes de lucha o de esfuerzo, sencillez o candor.
¿Es eso bueno? Por supuesto que no. ¿Deben las cosas de costar un esfuerzo tangible y hay cosas que no deberían de quedar en el cajón de los recuerdos? Pues yo creo que sí. No debemos olvidar las raíces de ningún movimiento, ni la trayectoria del arte, ni las corrientes.
Pero tampoco podemos condenar a algunos artistas, porque se sientan inclinados a usar los medios modernos, para amplificar sus miras. No creo que sea sólo por vender. Y por ello, no creo que la creatividad vaya en un sólo sentido, ni creo que su secreto resida en la organización exhaustiva, sino en la fluidez interpretativa, y en la transmisión.

Por otro lado, no veo que crear bajo los parámetros de la ausencia de parámetros, responda a una actitud nihilista, sino liberadora. No niega el valor de la obra, lo transmuta. No rechaza la inteligencia, la pone al servicio de otras formas de expresión.

Ahora bien, que eso se tome al pie de la letra, y haya muchos que no sepan diferenciar una buena idea de una mala, y un arte de calidad objetiva, de uno que no ha costado nada...pues...va un largo.

Verás, te propongo algo. Imagina a una persona que adora la música, que además, adora los sentimientos, adora la composición clásica. Imagina, que esta persona durante un período de su vida, encuentra una transmisión más pura para sus ideas, a través de la música electrónica.

Si la composición (aparentemente más fácil) electrónica te transmite el mismo sentimiento pero con otra forma, ¿qué problema hay?

Si mis poemas no usan la métrica clásica, ¿son por ello menos emotivos?

Un besito enorme, David.

Aro dijo...

En este espacio fortuito pero persistente de la red ha sido un placer leerlo.